Publicidad:
Terra
La Coctelera

Haití en el corazón

Miraba a la multitud desde las ruinas de aquella casa blanca, aireada cada día de brisa marina, de un olor a salitre que impregnaba la ropa tendida al sol inmenso del Caribe. Soñaba con encontrar a sus niños enterrados y le decía al periodista que desde anoche no se oían los gemidos del más pequeño llamando a su mamá.

Tanto dolor, tanta miseria de siglos desde los años de la esclavitud cuando les sacaron encadenados por el cuello de la selva de Senegal. Luego vino la lucha por la libertad, contra el colonialismo frances que les llevó a ser el primer país liberado de América. Tanto llanto contenido y lagrimas perdidas en la impotencia han llevado a Marie a conformarse, a vivir en la miseria extrema, mendigando el pan de cada día a un milico mafioso que ha violado, profanado su lindo cuerpo en más de una ocasión.

Ahora esta mujer sigue sentada mirando sus ruinas, esperando que la muerte se la lleve porque ha perdido lo único que la mantenía viva entre tanta tristeza.

Mientras a los lejos se escuchan ruidos de motores, de tanques y botas militares, de helicopteros lanzando proclamas en la voz del enriquecido embajador de Haití en Estados Unidos, los amenazan de que si intentan salir al mar serán detenidos y llevados al campo de concentración de Guantanamo, a la isla hermana de Cuba, donde hay otros hermanos musulmanes encerrados sin juicio, torturados cada día por la mano negra del imperio.

Marie cuando se duerme ya no sueña, ahora no distingue bien el sueño de la vigilia, el llanto de lo que un día fue su risa cuando celebraban el Día de la Independencia y conoció a Jean Paul, aquel joven poeta anarquista asesinado por los escuadrones en una jornada de lucha por la dignidad de su pueblo.

Me voy marchando y vuelvo la vista atrás y allí la veo, sentada, mirando al infinito, su pelo enredado y sus manos entrelazadas, esperando un gemido, una voz angelical que quizá ya no se repita y se quede para siempre en los sonidos de su silencio.

Habitantes de la Tierra

25 de mayo de 2008

Por Francisco González Tejera

En este trozo de universo que llamamos "Tierra" convivimos con millones de seres vivos. Animales como nosotros que tratan de disfrutar de una existencia digna y feliz, seres con otra forma de sentir, de vivir, de soñar, pero que nos acompañan en este viaje por el infinito. Son nuestros compañeros de planeta, nuestros hermanos olvidados, los que sufren todo tipo de aberraciones sin que tomemos conciencia de que si ellos desaparecen será el principio de nuestro fin como especie.

Los animales sufren una extinción progresiva, a los grandes simios (chimpancés, gorilas, orangutanes, bonobos) no les quedan más de 10 años en estado salvaje antes de desaparecer para siempre, los elefantes, rinocerontes, tigres, osos, etc., comprueban como su universo se viene abajo, como se talan sus selvas o son cazados por furtivos o safaris organizados, donde aristocratas del crimen descargan las balas de sus fusiles en sus nobles cuerpos.

Otros como ciertos primates, perros, gatos, conejos pasan sus tristes vidas en laboratorios de experimentación, con electrodos en la cabeza, con sondas incrustadas en sus higados para satisfacción de científicos que no descubren nada, solo hacen sufrir a seres sin maldad en beneficio de una ciencia al servicio de multinacionales, ejercitos, empresas cosmeticas, farmaceúticas, que solo tienen un interés monetario a costa de la muerte y el dolor de animales inocentes.

Aquí en Canarias vemos como proliferan los delfinarios y orcarios. Somos la región del mundo con mayor número de este tipo de crueles espectáculos, ya que la tendencia internacional es el cierre de estos estanques de la muerte, para que los niños y los amantes de los cetáceos puedan verlos en libertad, en excursiones sostenibles organizadas o en cualquier documental de la televisión. Pero los políticos y empresarios de esta tierra, siguen el cruel ejemplo del poderoso Loro Parque, empeñándose en promover nuevas iniciativas empresariales de zoológicos acuaticos en unas islas que cuentan con más de 30 especies de delfines y ballenas libres en sus aguas territoriales, pudiéndose potenciar un turismo de observación respetuosa de cetáceos, sin condenar a vivir de por vida en una piscina clorada a estos maravillosos animales marinos.

Tenemos que desterrar la visión que tenemos de los animales no humanos como seres inferiores, ellos son capaces de sentir, de amar, de recordar lo bueno y lo malo. Muchos ya estaban en el planeta antes de llegar nosotros, han sobrevivido a los embates de glaciaciones, cambios climáticos naturales, asteorides y epidemias planetarias, sin tener que alterar la Tierra, sin someter y esclavizar al resto en esta inmensa nave cosmica. Debemos buscar alternativas de vida más solidarias, menos especistas, cambiar nuestra forma de vivir, cruzar nuestra mirada con la de cualquier ser vivo, observar el fondo de sus ojos para darnos cuenta de que sienten y sufren como nosotros, que alguna vez nos imploran sin decirnos nada un respeto por la vida, una dignificación de la existencia como habitantes de la tierra.

La memoria

04 de junio de 2008

Por Francisco González Tejera

"Todo está guardado en la memoria,
sueño de la vida y de la historia".

León Gieco (La Memoria)

De niño fuí dándome cuenta de que mi familia era un poco extraña, descubrí como mi abuelo Juan recibía visitas de camaradas que de forma discreta y en voz baja, casi susurros, le contaban las últimas novedades, la situación de los presos, las últimas detenciones. Percibí el miedo en mi abuela, en mi madre, en mi padre cuando hablaban entre ellos de los fusilamientos de San Lorenzo, de como sacaron a mi abuelo Pancho una madrugada a golpes de su humilde casita, una habitación donde dormía con mi abuela y sus cuatro hijos. Relataban en aquellas tranquilas tardes de Tamaraceite, como entraron los falangistas, como mataron de un tiro al perro que estaba atado en la puerta, los gritos, los insultos, el golpe a la cuna de mi tío Braulio de 6 meses que cayó al suelo de cabeza y murió a los pocos días. Contaban como mi abuela Lola no vió más a su compañero, como lo fusilaron junto al alcalde, Juan Machado y otros hermanos de lucha, simplemente por sus ideas, por defender los derechos de los más humildes.

Por todo esto que he vivido no puedo renunciar a mis ideas, saber que mi abuela se quedó casi ciega de tanto llorar, que tras el fusilamiento le quitaron a los hijos, que los caciques del antiguo municipio de San Lorenzo hicieron de las suyas y se vengaron de los que luchaban por los trabajadores, me hace mantener unas ganas inquebrántables de seguir luchando, casi como homenaje a la dignidad, para que nunca nadie nos pueda borrar la esperanza, la memoria que debe ser sueño de la vida y de la historia, para que situaciones tan injustas no vuelvan a repetirse, para que nuestros hijos puedan tener un futuro de libertad, justicia e igualdad.

Ahora en la actualidad tras tantos años miro al pasado sin rencor, pero con la absoluta certeza de que aquellos hombres no murieron por nada, que la sangre derramada en el campo de tiro de La Isleta ha sembrado semillas de libertad, de conciencia por alcanzar un mundo mejor, más justo, solidario y cargado de vida, de dignidad y flores nuevas. Por todos ellos hay gente que sigue luchando como la Asociación por la Memoria Histórica de San Lorenzo, el movimiento vecinal, el Colectivo Ecologista Atamarazayt, son el ejemplo claro de que se ha recogido la antorcha de la lucha contra unos enemigos que siguen siendo los mismos, aunque haya pasado tanto tiempo: los poderosos, los que oprimen ahora con hipotecas impagables, con paro, con corrupción política, con recalificaciones, con modificaciones de planes parciales para seguir construyendo en zonas protegidas. Esos asesinos de la esperanza ya no salen de brigada a desaparecer luchadores por la libertad, ahora se esconden en despachos políticos, medran, trepan, engañan, cohartan, utilizan las armas que les ha facilitado el sistema para seguir machacando a los más debiles, presionando y tratando de amedrentar a los que luchan, vendiendo humo cada cuatro años a las gentes que les votan para que sigan enriqueciéndose y robando.

La ternura nos marca el camino a seguir como la esperanza renace en cada nuevo peldaño hacia un mundo mejor, libre, abierto a la solidaridad con cualquier ser vivo que sufra, que esté triste y desolado por no haber encontrado el camino de la libertad.

No contactados

16 de junio de 2008

Por Francisco González Tejera

Para Eli y sus recuerdos infinitos.

Viven en lugares aislados, comulgan cada día con la selva y sus maravillas, recorren parajes donde casi no han pisado los seres humanos, árboles gigántes los escoltan en su peregrinar en busca de frutos, caza, material para sus humildes hogares. De entre todos lo pueblos indígenas, más de un centenar vive sin contacto con el mundo exterior, son los pueblos no contactados. Su vida es una permanente huida: escapan de las invasiones de los colonos, madereras, petroleras y terratenientes, sufren la muerte de sus amigos, de sus familiares a manos de seres sin escrúpulos, padecen enfermedades letales para las que sus cuerpos no han desarrollado defensas, masacres que se silencian por los medios de comunicación y por la hipocresía de la comunidad internacional.

Cada uno de estos pueblos sostiene una cosmovisión única e irremplazable, con su lengua, su cultura, sus conocimientos sobre la madre tierra, sobre la historia de una parte de la humanidad que en este mundo moderno desconocemos totalmente. Son los pueblos más vulnerables del planeta, los indefensos ante el poder de las multinacionales que como Repsol, Endesa y otras arrasan su universo con el único objetivo de ganar mucho dinero.

ImágenesaéreasdeindígenasaisladosenBrasil,cercadelafronteraconPerú.Mayode2008

Según la organización internacional Survival solo en Perú hay unos 15 pueblos no contactados, entre los que se encuentran los cacataibo, los nanti, los mashco-piro y los murunahua. Todos sufren un acoso brutal por parte de empresas petroleras y de extracción de gas, así como la creciente presión de la tala ilegal en sus territorios. A esto se suma el enorme riesgo de que el contacto con no indígenas traiga consigo enfermedades para las que no poseen inmunidad y que podrían exterminarlos por completo. Un líder indígena amazónico ha calificado esta situación como "un proceso de agresión igual o peor al que han vivido desde hace más de 500 años los indígenas de la selva amazónica".

Precisamente en Perú su gobierno ha abierto en 2007 el 70% de la Amazonia a las prospecciones petrolíferas a dos compañías petroleras, Barret Resources y Repsol-YPF, si la misma que quiere extraer petroleo de aguas canarias. Este gobierno corrupto y amigo del capital ya les ha autorizado a entrar en zonas remotas de esta inmensa selva para que busquen petróleo, precisamente lugares habitados por estos pueblos aislados voluntariamente. El impacto de estas actividades sobre los indígenas  va a ser mortal, como ha venido sucediendo cada vez que se invaden sus tierras. Survival nos recuerda que ya en los años ochenta, un pueblo nahua, hasta entonces no contactado, vió morir a la mitad de su comunidad tras una exploración petrolifera en sus tierras y como consecuencia de la gripe, resfriados y otras infecciones respiratorias contra las cuales no tenían inmunidad. Una suerte similar podrían correr otros pueblos indígenas aislados, en Brasil, Paraguay, Ecuador, Colombia, las Islas Andamán en la India y la isla de Nueva Guinea.

Survival lucha por todos ellos sin descanso, ha logrado que se reconozcan legalmente las tierras de pueblos tan masacrados como los yanomami de Brasil-Venezuela, los bosquinamos de Bostwana y otros muchos que se aferran a su universo como la única salida para seguir siendo libres y sobrevivir al impacto de los intereses y el genocidio, promovido por empresas con las que convivimos cotidianamente y  sin saber nada de estos asesinatos llenamos nuestros depositos en sus gasolineras, consumimos la energía que nos llega por el cableado eléctrico, vemos su publicidad, casi siempre muy ecológica en televisión. Empresas que están matando, torturando, arrasando selvas enteras para seguir llenándose sus bolsillos con dinero manchado de sangre indígena.

Estos pueblos aislados tienen todo el derecho a vivir en paz en sus tierras, elegir su propio modo de vida, a pesar de que algunas personas piensen que son reliquias de la Edad de Piedra y que están condenados a desaparecer, la historia nos demuestra que no es así, que puede haber esperanza para que existan humanos en el planeta en armonía con la naturaleza, en una Tierra que no hemos heredado de nuestros padres, la tenemos prestada de nuestros hijos.

Iguales

22 de junio de 2008

Por Francisco González Tejera

La conocí una noche en la Plaza de San Juan en Telde. Andaba yo con unos amigos dando un garbeo por los bares de la zona, cuando observé una jaula y alguién dentro, con la cabeza tapada por una manta sucia y rota mientras trataba de ocultarse de miradas curiosas, de chicos borrachos que le tiraban colillas encendidas, de la música estridente y de la inmensa soledad de aquel minusculo recinto con barrotes. Era Lulú la chimpancé, la que fue secuestrada en la selva por furtivos después de asesinar a toda su familia, Lulú, la que anduvo varios años en la zona turística del sur de Gran Canaria, en manos de un fotografo enganchado a las drogas, sacándose fotos con los guiris, drogándola cada noche para que no se durmiera en sus brazos. Esa bebé encantadora en manos de alguien sin escrúpulos, hasta que le fue incautada por el SEPRONA que la entregó provisionalmente al Ayuntamiento de Telde, cuyos responsables no dudaron en meterla en una jaula y tenerla muchos años encerrada, hasta que después de una larga lucha que se inició después de nuestro nocturno primer encuentro, logramos liberarla. No fue nada fácil, topamos con alcaldes caciques, con sucios intereses basados en la falta de humanidad y sensibilidad con una hermana evolutiva de los seres humanos. Ahora Lulú pasa sus días en un santuario madrileño de grandes simios en semilibertad, con mucho espacio, tranquila, con otros de su especie y aparentemente feliz saltando y jugando entre plataformas y árboles.

Hay muchos más casos similares al de Lulú, como Lucas un joven y fuerte chimpa que paso algunos años en la misma jaula de Telde, Kiko, liberado de una cueva con barrotes en Ariñez, San Mateo, Guillermo, cautivo en una jaula de 2 x 2 en una casa particular de La Orotava, donde pasó los 12 años de su vida casi sin poder moverse y permanentemente tapado por una lona. Todos ellos ahora son libres o casi libres como Lulú, pero no son más que la punta del iceberg de una realidad penosa que azota a nuestros hermanos de evolución más cercanos.

Los gorilas, chimpancés, bonobos  y orangutanes, sufren la peor etapa de su historia, apenas les quedan diez años en el planeta antes de extinguirse y desaparecer para siempre. Nuestros parientes más próximos en la escala evolutiva ya cuentan sus días de estancia en la Tierra, donde de no evitarse solo quedarían algunos ejemplares en zoológicos, laboratorios de experimentación y circos, donde son sistemáticamente torturados y utilizados para fines eminentemente lucrativos.

Purificación González de la Blanca, una gaditana enamorada y defensora de los grandes simios nos cuenta que ellos no pueden expresarse con nuestro lenguaje, porque su laringe no es igual a la nuestra, pero si aprenden a comunicarse con nosotros cuando se les enseña, siempre a través del lenguaje de signos de los sordomudos o el ordenador. De esta forma la gorila Koko pudo contar a una periodista que estaba muy triste porque un coche había atropellado a su gato. Luego se interesó por un vistozo anillo que esa mujer llevaba y le dijo "que era muy bonita su pulsera de dedos" y le explicó que su golosina favorita era el helado de chocolate. Y cuando la periodista le preguntó qué era lo que no le gustaba le repondió que mirarse en el espejo (porque se veía muy fea). La gorila Koko sabe escribir su nombre. Anecdotas increibles como la del chimpancé que se orinó en casa de Jaime Pérez-Llorca, se dirigió a la cocina y apareció con una fregona, con la que limpió su orina.

Nuestros compañeros evolutivos, solo nos separa un cromosoma de los chimpancés, son sometidos a todo tipo de aberraciones y torturas en los laboratorios, donde se les implantán electrodos en el cerebro, se les condena a vivir enjaulados de por vida en zoológicos, explotados y torturados en los circos con animales, donde les arrancan los dientes, les cortan las cuerdas vocales para que no puedan chillar y les someten a adiestramientos a base de maltrato y restricción de comida. Por todo esto ya va siendo hora de que a estos seres tan evolucionados se les reconozca el derecho a la protección de su hábitat, a la supervivencia y a una larga vida digna. Estoy seguro que no son demandas exageradas, que estos seres se merecen de una vez por todas un respeto, el derecho a ser libres, a la libertad individual, a que se prohiba que se les siga torturando. No es mucho pedir, pero marcará un verdadero hito en la historia de la humanidad, como lo marcaron en su día el reconocimiento de los derechos de las mujeres o la abolición de la esclavitud.

El próximo 25 de junio se debatirá una Proposición No de Ley sobre el Proyecto Gran Simio y sus objetivos, presentada por Iniciativa Per Catalunya ante el Parlamento Español. Por lo que ya están apareciendo críticas de la prensa vinculada a la iglesia y a los sectores más reaccionarios de la sociedad española, comentando que lo que se pretende es equiparar los derechos humanos a los de los grandes simios, cuando de lo que se trata es de evitar la extinción y el sufrimiento de estos seres inteligentes y tan cercanos a la especie humana, evitando que perdamos nuestra referencia evolutiva más próxima. Hace tiempo que países como Nueva Zelanda han reconocido en su ordenamiento jurídico los derechos de los grandes simios, por lo que si el Parlamento Español los reconoce será uno de los mayores avances morales de la historia.

Todo ello sea, si se consigue, por Lulú, Lucas, Kiko, Guillermo y otros muchos que no llegan a entender tanta maldad de los seres humanos con los de su especie. Por sus miradas tristes que conmocionan a cualquier persona con un mínimo de sensibilidad, por lo que significa que puedan seguir viajando con nosotros libres en esta nave cósmica llamada Tierra.

 

La montaña mágica

04 de julio de 2008

Por Francisco González Tejera

A Famara en su viaje por la Tierra.

Cuando vamos a esa montaña y la recorremos percibimos el brillo del cielo, las inmensas vistas, los barrios pequeñitos dispersados como en un mapa imaginario: Piletas, La Suerte, Tenoya, Los Giles, San Lorenzo, Tamaraceite y carreteras como canales transitados por hormigas en forma de coches y guaguas desesperadas por llegar a alguna parte. Desde esa paz y en medio de cuentos de hadas y gnomos recorro con mi hija esa montaña mágica y perdida, que casi nadie conoce, pero que si han destruido parcialmente con promociones inmobiliarias acordadas en oscuros despachos, respaldadas por políticos que son incapaces de sentir la pureza de la madre tierra.

Famara y yo buscamos lugares comunes, nos perdemos entre acebuches, tabaibas, guaidiles, inciensos morunos y jugamos a principes azules y ogros buenos, a brujas que un día hechizaron todo un castillo hasta el día glorioso de la liberación en forma de un gesto de amor, un beso que puede hacer volar todo mal entre los nubarrones de cualquier tarde de verano. Recorremos esa querida montaña de mi infancia, sentimos el alicio en nuestro rostro y observamos las aves que no renuncian a seguir siendo libres entre flores, olores y restos de un pasado aborigen, de un pueblo conquistado y adoctrinado por la espada y por la cruz.

Por eso en los Altos de San Gregorio queda una ermita y un granero muy antiguos, construidos sobre los restos de un poblado troglodita con varias cuevas artificiales de planta cruciforme, canalillos, silos abotellados, restos de casas de piedra seca. Una instalación religiosa ideada por los "cerebros" de la conquista, para que los indígenas asumieran el catolicismo en los mismos lugares que adoraban a Alcorac, Magec, Achaman y a la propia naturaleza.

Ahora la montaña está acosada por el cemento y la especulación, rodeada de bloques de pisos, tractores, grúas y mucho dinero negro para blanquear en pro del beneficio de constructores y políticos sin escrúpulos. La montañita de siempre, donde nuestros abuelos recogían plastas de vaca y leña para hacer la comida, está siendo arrasada con el beneplácito del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, en el territorio del reprimido y desaparecido Ayuntamiento de San Lorenzo.

Famara no entiende lo que está pasando, solo sigue jugando, imaginando un mundo de animales que hablan, princesas, dragones legendarios. Seguimos imaginando cuentos, historias donde la fantasía nos hace pararnos en cualquier cueva, en un trocito de bosque, en galerías de agua, en árboles gigantes que han visto pasar cientos de años en una tierra basáltica, pura, limpia, que no merece ser destruida por intereses puramente económicos.

La Montaña de San Gregorio en Gran Canaria es parte de la Tierra, como también lo es la selva Amazónica, Taburiente, el Gran Chaco, el Kalahari. Es un patrimonio de nuestros hijos, de toda la humanidad que no debe desaparecer, que debe permanecer para siempre como santuario de los sueños de nuestros antepasados, de los que casi acaban de nacer y pretenden alcanzar el futuro con ansias de amor.

Huesos

23 de diciembre de 2008

Por Francisco González Tejera

Para René Marrero,  con el alma llena de banderas.

"Cuando alzaban por Rey a alguno, tenían esta costumbre, que cada reino tenía un hueso del más antiguo rey de su linaje envuelto en sus pellejuelos y guardado y, convocados los más ancianos al Tagoror, lugar de junta y consulta, después de elegido el rey, dábanle  aquel hueso a besar; el cual, besándolo, lo ponía sobre su cabeza y después de él, los demás principales que allí se hallaban lo ponían sobre el hombre y decían: AGOÑE YACORON IYATZAHAÑA CHACOÑAMET, Juro por el hueso de aquel día en que te hiciste grande".
Historia de Nuestra Señora de Candelaria
de Fray Alonso de Espinosa.

La inmensa e impagable labor de la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica de Arucas, ha conseguido a base de lucha, tesón y mucha paciencia en las agotadoras gestiones institucionales, lograr que los pozos de este norteño municipio gran canario sean abiertos a la mirada asombrada de un pueblo, a los ojos llorosos de hijos/as, nietos/as y bisnietos/as de los desaparecidos en la represión del fascismo en Canarias, de unos seres que dieron su vida por la democracia, la libertad y la esperanza de cambiar unas estructuras sociales injustas.

Fueron hombres y mujeres jóvenes comprometidos políticamente con el comunismo, con el socialismo de verdad, con el anarquismo, algunos cristianos y otros que vieron en la República una clara alternativa a tanta miseria y explotación. Luchadores contra el hambre, la incultura y el analfabetismo de la pobreza extrema, sindicalistas, libertadores de proletarios, incrustados en las enormes fincas de plataneras donde todavía olía a derecho de pernada, donde los patronos eran llamados "amos". Victimas del miedo fomentado por una iglesia cómplice inevitable de los asesinos, sotanas satánicas, como decía Neruda, amigas de los torturadores y represores de un pueblo masacrado por los poderosos.

Esos huesos que ahora salen de los pozos nos narran en silencio lo que supuso defender la libertad y la fraternidad, nos interrogan callados, nos hacen pensar en cómo pudieron morir, en tanto sufrimiento y tristeza, palizas, torturas y abusos de una oligarquía descendiente directa de los conquistadores del genocidio aborigen. De esos huesos que también están en las necrópolis de ese pueblo perdido que vino de África buscando los límites del horizonte, que vio como arrasaban por todo su universo, como la espada y la cruz se convertían en su muerte temprana a manos de unos demonios profetizados de armaduras, montados en bestias de cuatro patas.

En los periódicos vemos ahora esos huesos blancos de unos desaparecidos, sacados de sus casas a la fuerza, retenidos en la pupilas inocentes de sus hijos/as para siempre, golpeados por las brigadas del amanecer, torturados buscando nombres, direcciones, listas de afiliación o simplemente el gusto de los que gozan con el sufrimiento humano, con pisotear derechos universales para beneficio de los enriquecidos. Bestias inmundas que regaron de sangre nuestra tierra, de lagrimas las casas pobres, de llantos enrojecidos de sus mujeres y madres, sin ni siquiera una tumba donde ir a depositar flores, a llorar o simplemente saber donde estaba ese cuerpo perdido, esos manantiales de esperanza que una madrugada se llevaron para nunca devolverlos.

A pocos km en el municipio de San Lorenzo también secuestraban a sus camaradas, a estos no los desaparecieron, sino que los juzgaron en un burdo consejo de guerra, un montaje con falsas pruebas e imputaciones, para condenarlos a la muerte por fusilamiento en el campo de tiro de La Isleta, después de pasar unos días de torturas en el Castillo de San Francisco y en el Campo de Concentración de Gando. Todavía recuerdo las palabras del superviviente y comunista, Domingo Valencia, cuando relata el momento de esa madrugada que los sacaron del Lazareto para matarlos, los abrazos de despedida, de cómo algunos lloraban, mientras otros gritaban palabras de aliento para sus hijos/as y mujeres. Hombres sencillos también como mi propio abuelo, Pancho, que dejó tres hijos y una viuda inconsolable, luchadores por una vida mejor de los explotados y explotadas, por una sociedad sin clases, igual para todos y todas, por un mundo más justo e igualitario.

Estos huesos de Tenoya, Arucas, Cardones, Bañaderos, Fuencaliente, no son meros trozos orgánicos de un pasado semiremoto, son algo más, son poemas de amor a una lucha que luego siguieron otros/as: revoluciones, claveles en Portugal, machetes en La Habana, horror en Argentina, desesperanza en Chile, sangre en el desierto del Sahara, mayos en Francia, ahora diciembres en Grecia. La voluntad inquebrantable de los pueblos en su lucha de liberación.

Ahora nos venden las hipotecas y el mileurismo, prevalecen niveles de paro y de pobreza nunca vistos en la historia reciente de Canarias, pateras y cayucos con miles de trabajadores/as muertos/as en la oscuridad del océano, la especulación urbanística, la venta del territorio al mejor postor por unos políticos corruptos, hipotecados hasta las cejas por los constructores que les pagan las elecciones a cambio de favores y prebendas. De nuevo se repite la historia: primero la aculturización y dominación de los habitantes originarios hace más de 500 años, luego la represión, la masacre inquisitoria, el golpe de estado fascista, el hambre, la inmigración y ahora el neoliberalismo salvaje en tiempos de crisis. Las privatizaciones, los contratos basura, la siniestralidad laboral, la violencia machista, la pobreza y la incultura de los barrios y pueblos olvidados y empobrecidos de esta tierra. El terreno de cultivo perfecto para las drogas, la violencia y la desvertebración social.

Esos desaparecidos que ahora florecen unidos y como abrazados en los pozos y fosas comunes nos muestran el camino, nos dejan escrito con sangre que la lucha sigue, que el camino de ese mundo mejor posible, como en tantas partes de este inmenso planeta, puede comenzar jurando por el hueso de aquel día en que se hicieron grandes y eternos.

Pequeña serenata diurna

10 de marzo de 2009

Por Francisco González Tejera

"Amo a una mujer clara que amo y me ama sin pedir nada o casi nada que no es lo mismo pero es igual"

 

Silvio Rodríguez Domínguez

Pasaban los días de finales de los setenta de una noche de invierno frio en aquel pequeño coche de mi padre, con apenas 18 años, nos amábamos en un reducido habitáculo que para nosotros era enorme y cálido. Un lecho tendido de amor con cristales mojados por el calor de nuestros besos, que me hizo descubrir la fabula de los tres hermanos. Aquel sonido, aquel ritmo nunca escuchado, aquella voz también muy joven nos llegaba tan adentro. Un sonido nuevo en mis oídos, canto de sueños  y utopías, temas de amor a mujeres y a una revolución ganada con las armas en la mano: madre en tu día no dejamos de mandarte nuestro amor, como gasto papeles recordándote, como me haces hablar en el silencio, como no te me quitas de las ganas, aunque nadie me ve nunca contigo.

Esas canciones entre besos furtivos, entre sueños de adolescente, eran de Silvio Rodríguez, al que conocí a través de aquella mujer desnuda y en lo oscuro, que me dio el primer beso de amor, ese que nunca se olvida y que vive en nosotros para siempre. Unos besos de jóvenes sin dinero que por no tener, no teníamos ni auto radio, colocando un viejo radiocasete sobre la guantera. Cuantas maravillosas canciones escuchamos, lo último de Silvio, aquella vieja canción de Pablo Milanés, Mercedes cantando a Atahualpa, la voz rota de Paco Ibáñez galopando en un caballo cuatralbo contra los fascistas. Sueños para un mundo mejor, una música que me ha seguido siempre y que llevo guardada en un rincón privilegiado de mi corazón.

Ahora con el paso de los años Silvio sigue presente, nos sigue mostrando esa poesía eterna, siempre al servicio de una lucha sin cuartel contra las injusticias, por el amor revolucionario, ese que se paga con la muerte como generosamente la entregó el Che y otros millones, que desde Vietnam a Colombia han regado con sangre heroica las selvas del silencio, las sierras que no tienen fronteras de odio, que se conmueven ante la pobreza de cualquier niño que pase hambre, que se enervan ante el yugo de los poderosos sobre los empobrecidos.

Silvio, sigue regalándonos canciones, envolviéndonos en poemas de amor que nos estremecen, que nos siguen enamorando en estos tiempos terribles, donde la brisa de la revolución sigue flotando leve sobre los sueños de los bienaventurados que siembran para los otros, porque en su semilla quedará un filón de su propio ser.